Mis condolencias

T.A

Un fallecimiento de por sí es trágico. Es una lástima que un acontecimiento de este tipo se convierta en una reunión social una vez que el cadáver ha sido depositado en el tanatorio, palabra grecolatina compuesta por el prefijo heleno Thanatós- (muerte) y por el sufijo latino -torium (lugar). Esta tradición surgió en la antigüedad clásica ante el miedo que se sentía de ser enterrado vivo (tapefobia). El acto de “Velar”, en un inicio, consistía en que, durante unas pocas horas, generalmente por la noche, los familiares del difunto estuvieran velando al muerto, es decir, “vigilando” al cadáver en caso de que pudiera padecer el síndrome de Lázaro. De ahí, que la palabra velatorio provenga del latín y que se traduzca como “vigilar”. Esta costumbre se generalizó hasta desembocar en un “festival” para cotillas que se atreven a inmiscuirse en un asunto tan delicado para criticar las flores, hablar de lo buena persona que había sido en vida la persona fallecida (sin conocerla) o, simplemente, para alimentarse del drama ya que sienten una curiosidad morbosa ante el dolor ajeno.

Esta semana ha sido dura pues las redes sociales han viralizado el suicidio de un chaval de dieciocho años y, por otra parte, a las tres de la tarde, se convirtió en trending topic la muerte de uno de los historiadores y sociólogos más importantes de España, Santos Juliá. La gente, en su mayoría, ha actuado como si ambas muertes pudieran satisfacer un extraño complejo de carroñeria.
En el primer caso, millones de personas han viralizado el momento exacto del vídeo en el que el muchacho se quitaba la vida pegándose un tiro en la cabeza. Estas personas, insensibilizadas y carentes de ética, han optado por viralizar esta tragedia para obtener retweets fáciles e instantáneos e incluso han creado memes. Comprendo que se quiera informar de lo que ha ocurrido pero de ahí a hacer memes e incluso hacer performances sobre cómo un arma revienta el cráneo de una persona me parece que es de ir al psiquiatra y no volver a salir en una temporada larga.

El otro caso a tratar es el de como ciertas personas se han despedido de Santos Juliá vía RRSS. Twitter se ha convertido en la herramienta favorita de estas personas qué deciden rascar unos cuantos tweets sin tener en cuenta el daño que sus comentarios pueden hacer a personas que han tenido muy presente las obras de Santos Juliá al igual que a su familia. En lugar de poner comentarios del tipo “Descanse En Paz”, que es lo más lógico, deciden escribir unas líneas sin contenido que podrían representar a cualquier persona fallecida. Uno de estos tweets los ha escrito el presidente del gobierno del Estado español, Pedro Sánchez :
” Hoy nos ha dejado Santos Juliá. Supo leer nuestro tiempo con especial lucidez y abrió nuestras mentes a nuevas interpretaciones con cada uno de sus trabajos. Un intelectual brillante que siempre apostó por la reconciliación. Ya le echamos de menos”.

Yo le pregunto, señor Sánchez ¿ha leído usted alguna obra de Santos Juliá? Y no me refiero a los 2 tweets que publicó “al leer” dos artículos de Juliá uno en el 2012 y otro en el 2016. Sinceramente, lo dudo mucho. En primer lugar, porque si se hubiera tomado las molestias de hacer un análisis de sus obras se daría cuenta de que en ningún momento comparó a la Segunda República con la monarquía constitucional que está instaurada en la actualidad. Y, en segundo lugar, porque si hubiera leído bien el texto qué escribió Juliá con el título *Romper con la vieja política* (que tanto alababa en su tweet de 2016) no se le habría pasado por alto la frase:

“El pacto PSOE-Ciudadanos tiene una dosis de virtud que quiebra la excluyente divisoria izquierda/derecha” en la que sitúa a estas dos fuerzas en el centro.

Obviamente, este sentimiento y necesidad de aprobación por parte de la opinión pública lo han secundado otros políticos como Garzón ¡cómo no! imbuido por ese sentimiento de supuesta superioridad intelectual con estas líneas:

“Ha fallecido el historiador Santos Juliá a los 79 años de edad. Otra pérdida de un gran intelectual de quien puntualmente se podía estar o no de acuerdo pero siempre había que leer y estudiar con atención. Que descanse en paz”. Remarcando ese “puntualmente” da a conocer su desaprobación hacia ciertas tendencias políticas que pudo expresar el intelectual en alguna de sus obras. Ese debate podría ser enriquecedor si no se tratase de un tweet en el que el joven político, que no ha llegado a nada, decide despedirse de alguien que ha fallecido.

Me gustaría dejar un artículo en el que, como buen sociólogo -parece que la mayoría de los que ponen esos tweets de mierda olvidan esa faceta- Juliá analizó ese endiosamiento y esa misión proselitista con la que se identifican los cinco políticos que se disputan la presidencia del gobierno.


http://agendapublica.elpais.com/vieja-y-nueva-politica/amp/?__twitter_impression=true


Me da miedo la parte frívola que impulsan las RRSS a la par que la egolatría de todos aquellos que las utilizan con el fin de rascar un poco de reconocimiento “social” en una esfera de hipocresía y de vanidad.



https://desireebsilvage.com/2016/02/24/el-ego-en-las-redes-sociales/

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